Agua de Carabaña

Mi madre guarda en su mesilla de noche una antigua botella de aceite de ricino como si fuese una reliquia. Pertenecía a su madre, mi abuela, quien decía que era un alimento muy bueno para purgarse, a pesar de tener un sabor y olor repulsivo y  repugnante. Desconozco que entendía mi abuela por purgarse, pero lo que si sé, es que los abuelos de antes les daban a sus hijos este aceite como remedio para tratar cualquier dolencia estomacal o en casos de estreñimiento.

Aunque el ricino, también llamado higuera infernal, es una planta muy tóxica, de sus semillas se obtiene este aceite, que todavía hoy en día se usa como producto milagroso para tratar una gran cantidad de dolencias y enfermedades, desde problemas dermatológicos a casos de artritis, e incluso para combatir la caída del cabello.

Pero el objeto de este artículo no es hablar del aceite de ricino, algo de lo que la mayoría de nosotros ha oído hablar alguna vez en su vida, sino de otro producto de características y fines muy parecidos, pero más desconocido para mucha gente: el agua de Carabaña.

Carabaña es un pequeño pueblo de apenas 2.000 habitantes situado al sueste de la provincia de Madrid. Se trata de un municipio cuya economía es básicamente agrícola, dedicándose fundamentalmente al cultivo de olivos y la producción de aceite. Pero Carabaña también destaca por poseer un manantial con un agua muy característica, con una  gran concentración de minerales que contienen  sulfato sódico, una sustancia muy empleada en la industria química, sobre todo para la fabricación de jabones, y que ingerida tiene grandes cualidades laxativas.

El agua del manantial de Carabaña, a pesar de no tener color y aparentar ser un agua corriente, tiene un sabor bastante desagradable, muy salada, similar a los sueros que se toman cuando una persona va a realizarse una colonoscopia. Los habitantes de la zona, desde hace siglos la utilizaban para purgarse, o lo que es lo mismo, provocarse una severa cagalera, ya que de esa manera decían que limpiaban y sanaban el organismo.

Y como suele pasar en muchos casos, a un habitante de este pueblo se le ocurrió la idea de hacer negocio con este recurso natural. Esta persona, llamada Ruperto Chávarri, adquirió buena aparte de las tierras donde se encontraban las fuentes de este manantial, construyendo un balneario y embotellando el agua para ser vendida, no solo en España, sino en muchos países del mundo.

Fuente

Atribución de la imagen: Benjamín Núñez González

El problema es que el agua de Carabaña no solo se mercantilizaba como un agua con propiedades laxantes, sino que se le atribuían otro tipo de efectos y propiedades medicinales de dudosa base científica; se decía que esta agua contribuía a eliminar el exceso de bilis y por tanto mejorar el reflujo gástrico, ayudaba a mejorar la circulación sanguínea, a combatir enfermedades alérgicas y reumáticas, e incluso se atrevieron a decir que tenía atributos antienvejecimiento y tonificantes.

En fin, que el agua de Carabaña servía para todo o para casi todo, y ello la convirtió en un gran éxito comercial, con millones de botellas vendidas durante buena parte del siglo XX.

En cualquier caso, y más allá de la escasez de evidencias científicas sobre los supuestos milagros que este tipo de aguas ofrece, en la actualidad sigue funcionando el balneario de Carabaña, un lugar de relax y sosiego donde los visitantes pueden disfrutar de un hermoso paisaje y de unos días de tranquilidad, siempre beneficioso para nuestra salud.

Fuente de la imagen destacada: http://www.ub.edu/pharmakoteka/node/25456

Propiedad de Museu de la Farmàcia Catalana

 

 

 

Referencias:
https://www.elespanol.com/ciencia/nutricion/20190210/mentira-agua-carabana-purgante-milagroso-famoso-espana/372213463_0.html
https://www.balneariodecarabana.es/aguas-de-carabana/
https://www.laopiniondemalaga.es/malaga/2014/04/20/medicinas-desaparecidas/670677.html
https://elpais.com/diario/1997/08/10/madrid/871212263_850215.html

 

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