El Comediscos

El pasado domingo 8 de septiembre nos despertamos con la noticia de la muerte del cantante Camilo Sesto. Durante todo el día no hubo informativo de televisión, radio o prensa que no dedicara unos minutos a hablar de su figura y de su historia en el mundo de la música.

Confieso que nunca me ha gustado Camilo, ni como cantante ni como artista, ni me ha interesado lo más mínimo su contribución, a excepción de su producción y participación en el musical Jesucristo Superstar. Pero también confieso que más de una vez he acabado cantando alguna de sus canciones, a altas horas de la madrugada y con unas cuantas copas de más, en alguna sala decrépita y trasnochada en la que, con mis amigos, acabábamos la fiesta de fin de semana.

Pero este artículo no tiene la intención de tratar el tema de Camilo Sesto, sino que su muerte me ha traído el recuerdo de un artilugio de mi niñez que en su momento supuso una auténtica revolución tecnológica: me refiero al comediscos.

Curioso nombre le pusieron a este aparato que apareció en el mercado en los años 70. Recuerdo que era yo bastante niño y empecé a ver jóvenes adolescentes y no tan adolescentes con un comediscos colgando a modo de bolso bandolera escuchando música por la calle. También recuerdo a pequeños grupos de chavales en rincones de mi pueblo reunidos en torno a uno de estos nuevos dispositivos.

El comediscos era un tocadiscos portátil de funcionamiento muy simple; solo había que introducir por una ranura un disco pequeño, de los por entonces llamados singles de 45 revoluciones, y automáticamente se ponía en funcionamiento. Únicamente tenía una ruedecita para subir y bajar el volumen y otro botón que se pulsaba para parar la reproducción y expulsar el disco. Su altavoz no tenía mucha calidad pero realizaba su función con solvencia. Podemos decir que el comediscos fue al mundo del disco, lo que  los posteriores walkman fueron a las cintas de cassette.

Ahora mismo, todos los comediscos que me vienen a mi memoria eran de color rojo o naranja, aunque imagino que habría de otros colores. Su vida no fue muy longeva y la moda no duró mucho tiempo; otros tocadiscos portátiles de mayor calidad lo sustituyeron en fiestas y guateques, aunque no tenían su encanto. A día de hoy se considera objeto de culto y de colección, y es fácil encontrarlo en páginas de venta de artículos de segunda mano en internet.

Y ahora viene la cuestión: ¿Qué tienen que ver los comediscos y Camilo Sesto? Pues resulta que en una ocasión mis padres le compraron a mi hermano mayor para su cumpleaños un comediscos, y el mismo venía con un disco de regalo ¿y a que no sabes de quien era el disco? Pues sí, has acertado, aquel disco era el single de la canción Melania, de Camilo Sesto.

 

Fuente de la imagen destacada:
https://www.plusesmas.com/blogs/queridos-recuerdos/musica/del-picu-al-comediscos/

 

 

 

 

 

 

 

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