El Buda Viviente

Estamos acostumbrados a escuchar hablar de las famosas momias egipcias, esas que tanto la literatura como el cine han mitificado e incluso en ocasiones las han convertido en elementos de la fantasía y la ciencia ficción. Los egipcios durante el proceso de momificación vaciaban el cuerpo del fallecido de sus órganos internos con el fin de evitar que las diferentes bacterias que habitan en nuestro interior, así como que insectos externos pudieran saciar su apetito descomponiendo la totalidad de la carne humana;  posteriormente se untaba el cadáver con diferentes aceites y ungüentos y lo envolvían en telas. El objetivo era conservar el cuerpo en el mejor estado posible con el fin de conseguir la unión espiritual con sus dioses y la vida eterna.

Pero no solo los egipcios han practicado la momificación de los difuntos en rituales religiosos y esotéricos; muchas civilizaciones a lo largo de la historia han realizado prácticas de este estilo, con diferentes y variopintas técnicas. Pero hay una que destaca especialmente entre todas ellas, y es la llamada momificación en vida, el denominado Sokushinbutsu, o lo que es lo mismo, convertirse en un Buda Viviente.

El Sokushinbutsu es un tipo de momificación que se ha practicado durante más de 1.000 años en algunas regiones de Japón, y especialmente en una región montañosa y boscosa situada al norte llamada Yamagata, considerada sagrada para los budistas. Se trata de una zona muy apartada y de difícil acceso, con apenas habitantes y en la que se pueden encontrar algunos templos que mezclan la religión budista con la religión sintoísta, la más practicada en Japón..

El objetivo de estos monjes es conseguir mediante la meditación y un determinado estilo de vida y alimentación muy austeros, llegar a un estado de paz mental y espiritual pleno. Son personas que están convencidas que a través de la muerte, no solo podrán alcanzar el cielo budista, sino que una vez allí podrán ayudar y proteger a los seres humanos en la Tierra. Pero para conseguir esto no vale solo con rezar y con morir físicamente, sino que deben sacrificarse mediante una muerte espiritual en la que el cuerpo permanezca de alguna forma vinculado o presente en la Tierra. Es decir, que en su muerte sus cuerpos debían ser momificados con el fin de ser preservados.

El hallazgo por parte de científicos de una veintena de monjes momificados desvela que los mismos estaban vestidos con sus  ropas habituales  y que no habían sido vaciados de sus órganos internos; además la piel parecía incorrupta. Pero el clima de Japón a diferencia de Egipto es muy húmedo, por lo que las técnicas egipcias no servían. ¿Cómo se practicaba entonces este tipo de momificación? En realidad, lo más curioso del caso es que no era una momificación practicada a posteriori de la muerte, sino que los propios monjes se automomificaban en vida para luego morir.

Esta técnica de  automomificación se desarrolló y perfeccionó durante siglos mediante pruebas y métodos diferentes que posteriormente se verificaban; en muchos casos fallaban pero se ha demostrado que algunos monjes  si que lo consiguieron.

La técnica  Sokushinbutsu, empezaba con una dieta muy estricta  a base de frutas, plantas y raíces que duraba mil días, absteniéndose de cualquier derivado animal y también de cereales;  posteriormente modificaban dicha dieta durante otros mil días más en los que solo comían semillas que encontraban en los bosques sin beber apenas agua. Durante este proceso los monjes se dedicaban a una meditación muy compleja y profunda intentando alcanzar un estado místico.

También bebían por las mañanas en ayunas  una especie de infusión  hecha con la corteza de un  árbol venenoso llamado Urushi; esta bebida además de ser un excelente purgante de cualquier parásito interno, provocaba vómitos severos con la consiguiente deshidratación del organismo.

Tras  dos mil días de dieta, la piel estaba soldada a los huesos y el monje parecía más un cadáver que un ser humano. Durante otros 100 días más dejaban de comer cualquier alimento para tan solo beber algo de agua salada y en  ese momento eran introducidos en pequeñas y estrechas tumbas que eran cerradas dejando solo un pequeño orificio por el que entraba algo de aire y por el que atravesaba  una cuerda  atada a una  campana que todos los día el monje tocaba para avisar que seguía vivo. Una vez la campana cesaba de sonar se sabía que el monje había muerto, por lo que el agujero de respiración se sellaba.

Tras otros mil días, se abría la tumba y se comprobaba si el proceso de momificación había tenido éxito, y en ese caso la momia se la consideraba un Buda Viviente y se la llevaba a un templo para ser adorada.

Hoy en día estas prácticas están totalmente prohibidas por el gobierno japonés.

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Referencias:
https://es.gizmodo.com/como-morir-lentamente-hasta-momificar-tu-propio-cuerpo-1799180340
https://japon-secreto.com/momias-de-japon-vivas-sokushinbutsu-monjes-budismo/
https://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/monjes-que-se-automomificaron-vida_13641

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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